Putin, Trump and Netanyahu: Image from Original FB post.
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Trump’s Iran War has turned into a frozen fiasco. American motorists face steadily rising costs of fuel. Many retail prices are also rising as the now closed Persian Gulf causes commodity prices to mount. The Jeffery Epstein scandal, which lies at the heart of the Persian Gulf war, is beginning to break out into the open. The Trump administration just spent $20 billion to try to distract attention from it.
What does Trump do? He blames Germany for being soft on what he calls terrorism. This from the man who authorized his Israeli ally to kill over 79,000 West Bank Arabs and killed thousands of Iranians in recent weeks. Germany, thunders Trump, is ‘soft’ on military matters and only interested in playing footsie with wicked Muslims. The US, says Trump, is doing Europe a huge favor by stationing over 80,000 troops in Europe. He’s been claiming this for a long time. As I’ve written in the past, Trump simply does not understand the nature of geopolitics. Why should he? Trump used to renovate old hotels and run beauty pageants. The trembling yes-men who surround him dare not contradict their leader, who styles himself a ‘unique genius.’
Trump views Europeans as cowardly, miserly weaklings sponging off the overly generous USA. What would-be world overlord Trump does not at all understand is that domination of Europe is the basic building block of America’s world imperium.
Today, eighty-one years after US armies stormed into Germany, the US maintains some 100,000 troops in Europe. The official reason is to prevent Russia from invading Europe. A constant drumbeat of propaganda accuses Moscow of getting ready to grab chunks of Europe. This is untrue. President Putin is vilified as an archdemon, thanks in large part to highly effective British-US propaganda.
The Russians are not innocent angels. Their ghastly Stalinist regime murdered millions of innocent people, including at least 5 million Ukrainian farmers. British propaganda has long tried to obscure the crimes of Stalinist Russia – a close Russian ally in WWII - by focusing attention and outrage on Germany’s National Socialist regime. This pattern continues today. We hear endlessly about Auschwitz but next to nothing about the more deadly Soviet Gulag system or death camps like Magadan or Vorkuta.
Today’s Russians are unlikely to contemplate invading Western Europe. The war in Ukraine is a one-off event that was ignited by western bungling and cupidity. Russia’s once mighty Red Army has been fought to a standstill by the amateur Ukrainian army - albeit with huge western support. Moscow is lucky to hold on to the slivers of land it has taken from the self-declared Ukrainian state. Meanwhile, the western powers are busy trying to promote secession in the rest of Russia’s lands.
Putin is not Stalin. Today’s Russia has little of its the power of the mighty Soviet Union. Stalin’s Soviet Union fielded over 12 million men and a sea of tanks and artillery. Today, Russia refurbishes old tanks and hires mercenaries from North Korea.
Polls show Europeans have little fear of Moscow. Why should they? NATO can deploy twice as many men as today’s Red Army. Germany’s army – today a sad joke – will one day regain its laurels as the world’s premier military forces.
What’s more, Spain and Italy, two key NATO members, refuse to support Trump’s aggression against Iran. The president’s child-like wrath may be set to fall on them. It seems the self-proclaimed ‘war president’ is a bigger threat to Europe than the Muscovites.
Meanwhile, ever-guilty Germany quakes and shakes with fear before the Trump White House. One of these days the Germans will remember who they are and whom they were.
Copyright Eric S. Margolis 2026
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¿Quién es nuestro enemigo? Está confuso
de Eric S. Margolis
1 de mayo de 2026
traducción: NS
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imágenes de la publicación original en FaceBook de Putin, Trump y Netanyahu
La guerra Trump conjura contra Irán se ha convertido en un naufragio congelado. A detalle: Los automovilistas estadounidenses enfrentan aumentos constantes en los costos del combustible y el cierre del Golfo Pérsico dispara los precios en tiendas minoristas. Trump acaba de desembolsar 20 mil millones de dólares en el intento desesperado por desviar la atención de los expedientes Epstein, pero el trasfondo del conflicto emerge de todas formas porque el escándalo de Jeffrey Epstein comienza a salir a la luz pública.
¿Y qué hace Trump al respecto? Autoriza a su aliado Israel a matar a más de 79 mil árabes en Cisjordania y provoca la muerte de miles de iraníes en pocas semanas. Escupa veneno a Alemania de ser débil frente al supuesto “terrorismo”, arremetiendo contra Berlín con la acusación de ser “blando” en asuntos militares y limitarse a coquetear con los “musulmanes malvados”. Según el mandatario estadounidense, Washington le hace un enorme favor a Europa con mantener más de 80 mil soldados desplegados a lo largo del continente —la misma canción de largo cuento—.
Llevo un buen tiempo señalado como Trump es incapaz de comprender la naturaleza de la geopolítica. ¿Y por qué tendría que saberlo? Antes de llegar a la Casa Blanca, se dedicaba a renovar hoteles y organizar concursos de belleza. Se rodeó de aduladores incapaces de cuestionar al líder que se autoproclama un “genio único”.
En su cristal, Trump percibe a los europeos como cobardes y oportunistas sanguijuelas de los Estados Unidos generosos hasta no poder. Lo que este aspirante a amo del mundo no capta es que el dominio sobre Europa constituye la piedra angular del imperio estadounidense con alcance global.
A los ochenta y un años de cuando las tropas estadounidenses irrumpieran en Alemania, Washington sigue manteniendo alrededor de 100 mil militares en Europa. La justificación oficial es impedir una invasión rusa, y los tambores de guerra pintan a Moscú como ese oso con garras apuñaladas a los territorios europeos. Demonizan al presidente ruso Vladimir Putin por medio de la propaganda británica y estadounidense suma eficaz.
No olvidamos que Rusia, por su lado, no es ninguna víctima inocente. El brutal régimen estalinista asesinó a millones de personas, incluidos al menos cinco millones de campesinos ucranianos —otrora aliada de la URSS en la Segunda Guerra—. Sin embargo, durante décadas, la propaganda británica minimiza los crímenes soviéticos y enfoca la indignación internacional contra el régimen nacionalsocialista alemán. Auschwitz ocupa permanentemente el centro del debate histórico, mientras guardan silencio sobre el sistema de gulags soviéticos todavía más mortífero y los campos de muerte como Magadán y Vorkutá.
La Rusia de hoy difícilmente contempla invadir el Europa Occidental. La guerra en Ucrania resultaría más bien ser un conflicto excepcional provocado por ambiciones y errores estratégicos occidentales. El antiguo y temido Ejército Rojo ha quedado empantanado frente a un ejército ucraniano improvisado que cuenta con respaldado masivamente occidental. Moscú apenas logra conservar escasas rebanadas del territorio ocupado, mientras las potencias occidentales se ocupan en impulsar movimientos separatistas por toda la Federación Rusa.
Putin no es Stalin y la Rusia contemporánea dista mucho del poderío de la extinta Unión Soviética. El antiguo ejército soviético bajo Stalin llegó a movilizar más de 12 millones de hombres y un océano entero de tanques y artillería. Pero Rusia en la actualidad no puede más que reciclar tanques viejos y recurrir a mercenarios norcoreanos.
Las encuestas muestran que muchos europeos no temen a Moscú. ¿Y por qué lo harían? No es casualidad que la OTAN contemporánea cuenta con la capacidad de desplegar el doble de efectivos que el ejército ruso. Incluso Alemania, cuyo ejército no ni una sombra de lo que era, recuperará los laureles de su antigua brillo militar.
A todo lo anterior se suma la creciente fractura interna de la OTAN, donde dos miembros claves España e Italia se niegan a respaldar la agresión trumpista contra Irán. La ira infantil del presidente estadounidense amenaza ahora volcarse sobre ellos. El autodenominado “presidente de guerra” pareciera representar a Europa un peligro mayor que Rusia.
Aunque una Alemania marcada aún por la culpa histórica tiembla ante la Casa Blanca, llegará el día en que los alemanes recuerden quiénes son y quiénes fueron.
Derechos de autor Eric S. Margolis, 2026